Según mi propia experiencia, si se viene de otra provincia y se vive solo en Tokio, es realmente duro llevar una vida normal y continuar bailando flamenco. Además es todavía más duro en el tema económico si hay espectáculo cada año. Como muchos de mis alumnos viven solos trabajando en Tokyo, tomo en cuenta esta circunstancia.
Mis clases tal vez son duras... No existe el ambiente de hacernos amigos y pasárnoslo todos muy bien bailando flamenco. Lo primero en la clase es la concentración. Aquí quien se esfuerza más, puede subir a un nivel superior, es decir, no se asciende a una clase superior sólo con el tiempo.
Considero que las clases de flamenco, en algún sentido, son un desafío personal. Frente al espejo, se nos desvelan nuestros defectos del baile; como es natural, no se puede bailar de inmediato a la perfección, por tanto, la práctica en las clases es fundamental para nuestro mejoramiento. Quiero que mis alumnos lleguen a disfrutar comprobando el progreso de su baile de día en día. El ritmo del flamenco es muy complicado y hay que seguir muchas reglas. En los primeros 2 años, hay que concentrarse plenamente en los fundamentos del flamenco y no se podrá disfrutar del baile en un principio.
Así pues, no nos engañemos pensando que bailamos mejor de lo que es verdad, pues después los niveles superiores serán más difíciles. En este sentido, pienso que la clase de nivel básico ha de ser la más rigurosa. Siempre recomiendo a mis alumnos, sobre todo a los principiantes, que tomen, además de su clase, la clase de técnica, la cual es muy estricta pero muy importante.
Normalmente digo a mis alumnos que no deben tener vergüenza y que deben intentar el mayor número de cosas, porque si no se ha intentado en la clase, es imposible que se haga en el tablao. Ya que mis alumnos vienen a aprender conmigo gastándose su dinero, yo tengo la responsabilidad absoluta de recompensar su esfuerzo para eso, y yo también me esfuerzo al máximo y voy a seguir aprendiendo toda la vida.
Por otra parte, intento los movimientos de pies más complicados cuando estoy practicando. Creo que esto es el máximo “disfrute del sonido”. En este punto, tal vez me ha influido mucho Manolete, que fue mi primer profesor español de flamenco. Otro profesor español que me ha ejercido una influencia importante es Manuel Betanzos. En este caso, no hay que decir que sus movimientos de pies son magníficos, sino que también tiene una agilidad increíble y su braceo es maravilloso. Manuel Betanzos es el artista que me gusta más en la actualidad.




